Malvinas, la batalla cultural

El 3 de enero de 1833 el Imperio Británico implanto en las Islas Malvinas una legión de colonos traídos directamente desde el Reino Unido, expulsando a la población que las habilitaban. Desde ese día, nuestras islas son usurpadas ilegal e ilegítimamente por una potencia extranjera, constituyendo así el conflicto territorial entre dos naciones más antiguo del mundo moderno.

Reafirmamos nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas desde el punto de vista geográfico, dado que son extensión de la plataforma continental argentina. Son también argentinas desde el punto de vista jurídico ya que, al pertenecer al entonces Virreinato del Rio de la Plata, fueron heredadas de España al independizamos de ella. El Reino Unido permanece en el archipiélago exclusivamente por una cuestión de fuerza; posee el control territorial de las islas a través del poder militar. No tiene ningún derecho sobre ellas. Y por consiguiente desoye los mandatos internacional que la obligan a negociar con Argentina, incumpliendo sistemáticamente (apoyada por las potencias aliadas) las Resoluciones de la Organización de Naciones Unidas que la obligan al dialogo bilateral.

Debemos entender claramente la naturaleza del conflicto: la disputa de la soberanía sobre las Malvinas se basa en su ubicación estratégica frente a la confluencia de los océanos Atlántico y Pacifico, y por su cercanía al Continente Antártico. Este último dato es de vital importancia feo política, ya que las islas son el punto de apoyo de Gran Bretaña para proyectarse sobre la Antártida con el objetivo de tener el control sobre la ruta marítima comercial del océano austral y sobre las reservas marinas, los recursos pesqueros y la posibilidad cada más cierta de petróleo circundante en la zona.

Nuestro reclamo de soberanía sobre Malvinas es inclaudicable. La argentina necesita una verdadera política de Estado para recuperación de las islas, que permita modificar la actual correlación de fuerzas entre los dos países. Solamente cuando Inglaterra sienta una amenaza latente sobre sus intereses se verá obligada a negociar. En este sentido, celebramos la reciente resolución de las Naciones Unidas de extender un 35% la plataforma continental submarina argentina, decisión que legitima nuestro reclamo.

En largo plazo, la verdadera estrategia será la de desarrollar un pensamiento autónomo como Nación. Es en el campo de la cultura donde debemos trabajar para revertir la matriz ideológica imperialista, donde se establece que todo lo que viene de afuera es mejor que lo nuestro. La batalla cultural es la verdadera batalla.

La causa Malvinas no debe entenderse solamente con la recuperación del archipiélago. Es mucho más amplia y abarcativa. Cuando se hayan recuperado las Islas Malvinas estaremos, quizás, ante un nuevo nacimiento como país, como pueblo. Una argentina soberana, independiente, justa. Sin ataduras geográficas, económicas ni culturales. Integrada al mundo desde una perspectiva latinoamericana, con el concepto arraigado de Patria Grande que soñaron nuestros próceres y con los cuales se forjaron estas tierras. Y que, justamente, aquellos que hoy usurpan ilegalmente nuestras tan queridas Islas Malvinas, se han encargado, en estos más de doscientos años de historia, de hacernos creer que, dependiendo de ellos, íbamos a tener un futuro mejor.