24 de marzo. Los derechos laborales también son derechos

Este 24 de marzo se cumplen 40 años del golpe de estado a un gobierno constitucional que dio inicio a la última y más sangrienta dictadura cívico militar.

El plan concebido e implementado por el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” tuvo como objetivo principal el ataque sistemático al Movimiento Sindical Argentino, columna vertebral del Movimiento Nacional y garante de las conquistas   políticas y sociales que tantos años de resistencia y lucha le costaron a nuestro pueblo.

Medidas como la anulación de las paritarias y los Convenios Colectivos de Trabajo, la intervención de los sindicatos, la derogación de 25 artículos y la modificación de otros 98 de la Ley de Contrato de Trabajo; junto a la apertura del mercado en forma indiscriminada -destruyendo la industria nacional- y al endeudamiento externo -de 8 mil millones en 1976 a 45 mil millones en 1983- lograron introducir en nuestro país el modelo neoliberal que, lamentablemente, no hemos logrado erradicar de nuestra sociedad.

A este brutal ataque al pueblo argentino se le opuso la firmeza del Movimiento Obrero. La lucha contra la dictadura comenzó inmediatamente después del golpe genocida. Miles de actos de sabotaje, trabajo a desgano y a reglamento, entre otras cosas, fueron la resistencia activa de los trabajadores. Resistencia que desembocaría en el primer Paro General contra la dictadura, convocado y encabezado por la Confederación General del Trabajo el 27 de abril de 1979, en la movilización a la Iglesia de San Cayetano y en el paro nacional con movilización a Plaza de Mayo el 30 de marzo de 1982 bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”.

El 24 de marzo es una fecha que toca muy de cerca a la sociedad en general y al pueblo   trabajador en particular. No debemos olvidar que aproximadamente el 60% de los compañeros detenidos desaparecidos pertenecía a la clase trabajadora. Miles de activistas, militantes, delegados de base y dirigentes sindicales fueron blanco sistemático de la dictadura. Una vez más, los trabajadores organizados, junto a los movimientos estudiantiles y las madres y las abuelas de Plaza de Mayo fueron protagonistas fundamentales del retorno de la democracia y, con ella, la reinstauración de los derechos humanos en nuestro país.