16 de junio de 1955, los bombardeos a Plaza de Mayo

El 16 de junio de 1955, con la excusa de realizar un acto patrio, 40 aviones de la Fuerza Aérea Argentina y de la Aviación de la Marina de Guerra bombardean y ametrallan civiles indefensos en Plaza de Mayo y  alrededores, en lo que constituye el peor atentado terrorista de la historia argentina y la antesala de la irrupción oligárquica tristemente denominada “Revolución Libertadora”, que el 16 de septiembre de ese mismo año derrocara al gobierno del general Perón.

Por cinco horas se extendió el ataque de las Fuerzas Armadas. El saldo de semejante masacre fue la muerte de alrededor de 400 personas y cerca de un millar de heridos y mutilados, entre ellos un ómnibus lleno de niños.

El objetivo declamado por los militares golpistas –en connivencia con sectores civiles- era asesinar a Perón. Pero no sólo se trataba de ello. Se buscaba quebrar la idiosincrasia de un pueblo que ya se asumía como  peronista, producto de los derechos conquistados por los trabajadores y los más postergados desde 1943.

Se buscaba sembrar el miedo sobre aquellos que no sólo defendían a su líder, sino que defendían todas las conquistas obtenidas hasta ese momento; con el propósito de reinstaurar el orden conservador reinante en la Argentina hasta la llegada del peronismo.

El bombardeo a Plaza de Mayo constituye el primer y único bombardeo a una ciudad abierta realizado en el mundo (a una ciudad neutral libre de guerra o conflicto armado) con el agravante de haber sido realizado por las propias Fuerzas Armadas, y con la intención de derrocar a un gobierno elegido democráticamente por casi el 70% de la población allá por 1951.

Fue el primer ataque de los sectores dominantes contra la consolidación de una patria justa, libre y soberana. Fue un retroceso del pueblo en su avance contra la injusticia social. Y la oligarquía necesitó de aviones de guerra, bombas y armas de fuego para quebrar la decisión de los más humildes en avanzar hacia un modelo más equitativo.